jueves, 19 de noviembre de 2015

PARA MIS TRES ESTRELLITAS

Allí, la maleza se extiende por nuestro sendero. Matojos y espinas han invadido nuestro jardín de margaritas. Nada queda ya de ese prado verde y escondido, de nuestra "pequeña selva particular", dónde crecimos juntos, dónde fumamos nuestros primeros cigarros, dónde tantas veces lloramos juntos escuchando Sucede de Extremoduro. Todo está frío, gris, triste y abandonado... Pero no olvidado. En nuestro árbol todavía resisten cuatro tablas a la tragedia. Su tronco, casi centenario, sigue marcado en el mismo sitio dónde tantas veces apoyamos nuestras bicis y posteriormente las "derbis variant" y, en mi corazón, aun están grabados vuestros recuerdos como si ayer hubiese tenido 14 años...

En aquella época huir tenía un significado hermoso, huir significaba escapar temporalmente de nuestros problemas y encontrarnos en la cabaña. Todos teníais vuestros quebraderos de cabeza, mucho más gordos de los que yo me quejaba. Soportabais palizas, bulling, problemas de aprendizaje, trastornos alimentarios, padres alcohólicos, retrógrados y machistas y un sin fin de crueldades, injusticias y desigualdades. Todos buenos chicos pero rebeldes con causa. Sin embargo, cuando llegaba llorando desconsolada después de otra batalla conmigo misma en busca de mi identidad siempre teníais esa canción, nuestros abrazos de oso y un paréntesis, unidos, cuidándonos unos de los otros... y aunque siempre hubo trabas en nuestra relación, con cambios de ciudad y otras cosas que es mejor ni mencionar,  nos mantuvimos unidos, por cartas, teléfonos y escapadas...  Fueron años duros pero, en ese aspecto maravillosos.

Y cuando ya rozábamos con la punta de nuestros dedos la libertad que nos concedería la mayoría de edad, el destino ganó el pulso y me arrebató de vuestro lado para siempre .. Un final fatal, que dejó una huella permanente. Después del accidente, los cinco que quedamos nos fuimos cada uno por su lado y lamentablemente solo puedo decir que a tres de nosotros nos va relativamente bien...  J. está acabada y M jamás volvió a ser el mismo...

No hay año que no recuerde la fecha de vuestra muerte, no hay año que no visite nuestra cabaña, no hay año que no retumbe Sucede en mi mente... Porque fuisteis mi apoyo esencial, ese apoyo que por más que uno quiera no puede darte ni una madre ni un padre, ni un hermano, ni un primo, ni un novio, ni un vecino, ni nadie más que un amigo... Tal vez éramos demasiado jóvenes, pero yo aprendí ese concepto de amistad tan altruista, que al pasar los años ya no pude comprender ningún otro.

A veces me ahogo en lágrimas y recuerdos, de lo que fue en su día y lo que pudiese haber sido si siguierais vivos... y es que no hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió... Por mas que lo intente ese vacío seguirá por siempre en mi mente, ese triste brillo en mis ojos y ese dolor en mi corazón... Porque todo lo que me queda de vosotros son tres estrellas tatuadas en mi hombro.

Prometí vivir cada uno de vuestros sueños pero tengo que admitir que es duro porque cada vez que alcanzo una meta os recuerdo de una forma tan intensa que la victoria tiene un sabor agridulce, la alegría se contiene, mis ojos vuelven a humedecerse al tiempo que mis labios evitan que emanen de mi boca lo que mi mente quiere decir "Ojalá estuvierais aquí "

 Y es en esos momentos cuando me parece escucharos cantar...

"¡Eh, lejos de mí!
deja que corra el aire, no te quemes, ¿va a salir el sol?

¡Sol déjame en paz!
La luna me ilumina, en esta ruina entra la
claridad.
¿Quién quiere saber?
si estoy quemado o escondo un corazón helado y quema mi ser.
¿Ser? No he vuelto a ser el mismo
desde que se fue T, J, P
y me siento mejor
si se que tengo una estrellita pequeñita pero firme"


                                       

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